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Un día antes de las elecciones
12 de mayo de 2021
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26 de septiembre de 2020
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Esperanza perdida
14 de marzo de 2013
Enviar esto por correo electrónicoBlogThis!Compartir en XCompartir en FacebookCompartir en PinterestIlusión de una esperanza
La noche del 2 de julio del 2000, Vicente Fox se convirtió en un héroe popular y nacional. Por fin, más que un partido, un hombre había logrado la hazaña: la todopoderosa maquinaria del PRI había sido derrotada en la presidencia. El final de la dictadura perfecta había llegado. El golpe fue tan duro que muchas voces declararon la muerte del gran dinosaurio de México. Allí estaba el animal tendido en el suelo, inerte, con la estocada foxiana clavada en un costado. Nadie sospechaba lo que ocurriría tan sólo doce años más tarde.
En la mañana del 1 de diciembre del 2000 Fox encomendaba sus pasos a la virgen de Guadalupe, y por la tarde hacía oficial su ascensión al poder, y con ello se arraigaba la esperanza de millones de mexicanos que creyeron que por fin un cambio positivo había llegado.
Vicente Fox consideró tarea fácil borrar de la memoria siete décadas de gobiernos priistas, pero olvidó que el priismo es, según Carlos Monsiváis, parte de la identidad nacional del mexicano.
El gobierno de Fox necesitaba dejar una huella profunda que permitiera a su partido continuar en el poder. Hubo varios cambios, como por ejemplo una mayor libertad de expresión en los medios de comunicación, y estabilidad en términos macroeconómicos, pero el gran cambio nunca llegó. Los problemas históricos como la pobreza, la inseguridad, el desempleo y la corrupción siguieron su curso normal.
No pasó mucho tiempo antes de que los ciudadanos terminaran aceptando que el gran cambio que Fox prometió jamás llegaría. Y si en 2006 el PAN retuvo la presidencia con Felipe Calderón, fue porque los electores le dieron una segunda oportunidad y, principalmente, por el temor de la instauración del socialismo si llegaba al poder el candidato de la izquierda, Andrés Manuel López Obrador.
Con Felipe Calderón las cosas no empezaron bien, pues habiendo vivido la elección más reñida de la historia, la sociedad quedó polarizada en dos bandos, y la sombra de fraude electoral quedó insertada en millones de votantes.
La reacción de protesta de López Obrador, un plantón en una de las principales avenidas de la capital, ante una elección, según él, fraudulenta, fue crucial para que en 2012 Obrador perdiera la elección presidencial por segunda ocasión al hilo.
No pocos analistas consideran que la decisión de Felipe Calderón de iniciar una guerra contra los cárteles de drogas fue meramente una justificación para obtener la aprobación de la sociedad y limpiar su imagen en la elección de la que resultó electo. Aquella decisión terminó convertida en una soga al cuello para el sexenio calderonista.
Nostalgia por el pasado
Monsiváis advirtió que una guerra frontal sin una estrategia integral era un salto al vacío. Nada lejos de la verdad. Aunque no se cansó de pregonar a los cuatro vientos a lo largo de su administración, que la lucha era por el bienestar y seguridad de las familias mexicanas, Felipe Calderón llegó al final de su mandato sin la aprobación de los mexicanos. El poco prestigio heredado de Fox, Calderón lo dilapidó demasiado rápido. Si acaso, lo que cosechó Calderón con su guerra fue una falsa victoria.
De pronto, casi mágicamente, la nostalgia empezó a brotar en muchos lados. Los adultos empezaron a recordar tiempos pasados y las comparaciones se hicieron inevitables. Recordaron que en tiempos priistas había paz y orden en la vida pública, y desorden y cadáveres en las calles causadas por una guerra del gobierno panista. Que el poder adquisitivo era mejor en el pasado, cuando adquirir productos de la canasta básica costaban más baratos que en la actualidad. Recordaron que el PRI creó las grandes instituciones como la UNAM, el IPN, la SEP, el IMSS, el ISSTE, PEMEX, CFE, mientras que el PAN no hizo nada. Gracias al PRI, recordaron envueltos en un aire de melancolía y tristeza, el país es lo que es. ¿Para eso elegimos al PAN, para estar peor que antes? En fin, dijeron, qué tiempos aquellos, no como los de ahora. Uno como quiera, ¿pero y los niños?
Aquella nostalgia por el pasado explica en gran medida el regreso del PRI al poder e hizo olvidar su lado oscuro. Ya no importaba si en la era priista ocurrieron represiones y asesinatos contra los opositores al régimen; quedaron en el olvido las crisis económicas sucesivas, que hundieron a los pobres en abismos más profundos; quedó en el olvido que en la era priista el país jamás pudo quitarse la etiqueta de tercermundista. Los nostálgicos decidieron olvidar que la corrupción, la pobreza, la injustica, la inseguridad y el atraso económico, fueron la gran herencia del PRI al país.
Quienes en el 2000 quitaron el poder al PRI, en 2012 pedían su regreso. El PRI, por supuesto, no dejaría escapar esta bandeja de plata colada en frente suyo. El partido destructor que hundió al país durante setenta años, ahora se presentaba como el salvador, el gran benefactor, el que sí es capaz de gobernar y resolver los problemas que el PAN no pudo. No podía ser más kafkiano.
2012, año electoral en México, y cabalístico, según algunos profetas mayas. Calderón y el PAN se fueron. Al paso de los años la gente recordará los 60,000 muertos que dejó su guerra contra los narcos.
Un viejo partido que supo acomodar astutamente sus viejas artimañas a los tiempos modernos, aparentando un partido nuevo y renovado, mezclado con un político joven con atractivo físico que se convirtió en un imán de votos en todos los sectores de la sociedad, que coincidieron con la fallida guerra calderonista y con la presencia desprestigiada de López Obrador, allanaron el camino para el retorno de lo que se suponía no ocurriría en un largo plazo.
Ante la desilusión pronta de los votantes por los gobiernos panistas, la ciudadanía decidió, increíblemente, viajar nuevamente al pasado.
El regreso del PRI
Si en el 2000 la mayoría votó en rechazo al PRI, en el 2012 el voto fue contra el PAN. El 1 de julio del 2012 Enrique Peña Nieto ganaba la elección presidencial en México. El dinosaurio estuvo ausente por doce años, pero nunca murió. Ahora nadie sabe por cuántos años estará en el poder.
Con el retorno del PRI al poder, la sociedad otra vez está dividida. Para una parte de ella es una desgracia nacional, un retroceso a los tiempos de crisis económicas y de autoritarismo. Para ellos, México está de luto. Para esa parte de la sociedad, el PRI compró los votos de los electores. El regreso del PRI no es para celebrar.
Para el otro grupo, el que votó por Peña Nieto, poco o nada importa si el presidente en su vida ha leído tres libros completos, porque a fin de cuentas le rodea un nutrido grupo de asesores, quienes le ayudan en la toma de decisiones. Aquí solo importa la juventud y el ímpetu del nuevo mandatario, no importando que las maquilladas políticas públicas de Enrique Peña representan al antiguo PRI.
Mientras millones de seguidores aplaudirán las acciones del presidente, sus críticos, que no alcanzan a entender por qué se volvió a elegir al PRI en una especie de masoquismo colectivo, estarán vigilando cada uno de sus pasos, siempre pendientes ante cada resbalón y gritar que fue un error haberlo elegido.
Corresponderá a los opositores como Andrés Manuel López Obrador, el movimiento estudiantil Yo soy 132 y todo ciudadano, ejercer una postura crítica sobre el actuar del mandatario. A ellos toca también aprender de sus propios errores del pasado, para no repetirlos en la próxima elección en 2018: divididos será imposible arrebatar al PRI la presidencia.
Debate presidencial en México
12 de mayo de 2012
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| Enrique Peña, Josefina Vázquez, Gabriel Quadri y Andrés Manuel López. |
Josefina, hundida por Peña Nieto
El pasado 6 de mayo se realizó el primer debate entre los candidatos que aspiran a convertirse en el próximo presidente de México. Dos horas duró el encuentro entre la candidata de derecha, Josefina Vázquez Mota, el izquierdista Andrés Manuel López Obrador, el candidato postulado por el partido de los maestros, Gabriel Quadri de la Torre, y el aspirante del partido de centro, que lidera las encuestas con alrededor del 50% de intención de votos, Enrique Peña Nieto.
Era la gran oportunidad de Josefina de escalar lugares, alejarse de Andrés Manuel y acercarse a Peña Nieto. Ella tuvo un buen inicio. No tardó mucho en disparar sus balas contra Nieto, pero allí empezó la debacle. Lo que debió ser la masacre de Enrique se convirtió en la noche del Titanic para Vázquez Mota. Ella se mostró demasiado tibia, muy suave y sin fuerza argumental. No supo utilizar a favor suyo los hechos innegables de que, como gobernador, Peña Nieto dejó al estado de México entre los más corruptos y con las tasas más altas de feminicidios, robos y secuestros a nivel nacional. Ni siquiera el caso de la niña Paulette pudo articularlo correctamente. Fue penoso ver cómo Josefina jamás supo confrontar a Peña Nieto, mientras se hundía en sus propias aguas.
No solo fue fácil para Peña Nieto defenderse, sino, ¡oh sorpresa!, el candidato que no recuerda sus tres libros favoritos fue capaz de contraatacar y asestó un mortal golpe del que Vázquez Mota jamás se levantó: le recordó a Josefina sus inasistencias a las sesiones del Congreso cuando fue diputada.
Josefina quiso dar muestras de vida y lanzó un discurso al estilo de I have a dream: “sí, sí soy diferente, porque he tenido una trayectoria de honestidad y puedo verlos a los ojos”. Ese fue el eslogan de Obrador hace seis años, la honestidad valiente. Solo le faltó decir soy diferente porque soy mujer. Caramba, pues si hasta los mismos gemelos son diferentes. El colmo de sus males fue lucir su honestidad, pues mientras que en un spot su partido decía que durante su gestión como secretaria de desarrollo social se colocaron 2 millones de pisos, en otro spot, ella decía que eran 3 millones, cuando la cifra oficial es de tan solo 300 mil pisos.
Para rematar, Peña Nieto invitó a Josefina revisar juntos los compromisos que él cumplió como gobernador, a lo que Josefina terminó por ahogarse, diciendo “eso es lo que no quiero para México, alguien que pida que se le venga a revisar la tarea”, pues exactamente eso ha hecho su partido, al señalar varios compromisos incumplidos de Peña como gobernador. En un país aquejado duramente por la corrupción, desde luego que necesitamos y exigimos revisar la tarea de los gobernantes. Hasta López Obrador dijo, en caso de ganar la elección, realizar una encuesta cada dos años para que la gente evaluara su gestión y decidiera si continuara o no en el cargo.
Josefina, en su última intervención en el debate, invitó a los electores a escoger entre el México de paz de ahora o el México de la corrupción. ¿Se puede llamar paz vivir en medio de una brutal guerra antinarco, emprendida por su partido, que ha enlutado a por lo menos 60 mil familias en los últimos cinco años, sin ningún indicio de que el gobierno vaya ganando, y dejando, además, una imagen negativa del país en el ámbito internacional?
Y el candidato puntero no desaprovechó la ocasión y remató por última vez: “Josefina, si no quieres revisar la tarea, no la califiques”.
La farsa llamada Quadri
Aunque técnicamente fue el más brillante por su elocuente retórica, Quadri no pasa de ser un mero farsante, que se autoproclama candidato ciudadano, cuando en realidad él representa los intereses de una de las peores políticas de este país, que ha impedido el desarrollo en materia educativa. Gabriel Quadri es un títere de Elba Esther Gordillo, la presidenta del sindicato de maestros de México, el más poderoso de América Latina. Asombra que un personaje inteligente, con doctorado, se preste a semejante juego. Más de uno quedó impresionado con Quadri. Pero él no va a ganar. Por eso ninguno de los otros tres candidatos debatió con él. Votar por Quadri es seguir manteniendo con vida al partido parásito del sindicato de maestros.
Tal parece que habiendo terminado el festival de rock de Avándaro en 1971, Quadri se subió a una combi. Desde entonces ha estado viajando por los desiertos y valles de todo el país. Por eso es que ahora, en plena campaña electoral, la combi luce muy maltratada y desgastada. Tantos viajes hacen mella y también pueden inducir alucinaciones. En su más reciente spot, Quadri se compara con Albert Einstein, Martin Luther King, dos íconos mundiales, y con Emiliano Zapata, un legendario líder social mexicano. La comparación es netamente propagandística… hace un par de días lo descubrieron bajándose de un coche blindado y subiéndose a su combi, una calle antes de llegar a uno de sus eventos.
Obrador derrota a Peña Nieto
Mientras Josefina se hundía, Obrador empezó a emerger. El debate terminó por convertirse en una guerra de dos.
Peña Nieto mostró destellos de sus dotes oratorios, en frases como “no se ha aplicado para aplicar la justicia”. ¿Aplicado para aplicar? “Suele recurrir, y no de manera franca, a la mentira de manera reiterada”. ¿Alguna vez la mentira es franca? “Para que a ti te pueda llegar tu recibo de consumo de energía eléctrica de menor tarifa y de menor precio”. ¿Acaso menor tarifa y menor precio no son lo mismo?
Obrador inició el ataque acusando de corrupto a Peña Nieto, pues cuando este fue secretario de administración de su tío Arturo Montiel, exgobernador del estado de México, Montiel se enriqueció de manera ilícita. Cuando el candidato puntero estaba a punto de pegar otro golpe mortal, su segundo de la noche, al acusar a Obrador de encubrir a René Bejarano por recibir fajos de dinero, López Obrador reviró con una respuesta brillante: “Ponce, secretario de finanza en el tiempo que fui jefe de gobierno, está en la cárcel, lleva ocho años; Bejarano también fue a la cárcel, y usted, que fue secretario de administración de Montiel, está aquí”.
Obrador volvió a golpear a Peña: “¿cómo va a combatir la pobreza? Le di un dato: 1,200,000 mexiquenses en pobreza extrema. ¿Qué hizo usted?” Peña jamás respondió este cuestionamiento.
Y así se esfumó el debate. Entre una Josefina en declive, un Peña Nieto que salió bien librado, y un Obrador que posiblemente se coloque en segundo lugar en las encuestas.



